Gianni Infantino, presidente de la FIFA, desató una intensa polémica al proponer levantar la suspensión que desde 2022 pesa sobre Rusia en competiciones internacionales de futbol, una sanción impuesta tras la invasión de Ucrania y que el dirigente describió como inefectiva y contraproducente. Infantino argumentó que “el veto no ha conseguido nada” y que en lugar de disminuir tensiones, solo ha creado más frustración y odio, por lo que consideró imprescindible permitir que, al menos en categorías juveniles, los equipos rusos y sus selecciones vuelvan a competir en torneos europeos.
Durante una entrevista con Sky News, el máximo mandatario de la FIFA señaló que el futbol no debería castigar a países por las decisiones políticas de sus gobiernos, y abogó por que los estatutos del organismo se reformen para que “ningún país pueda ser vetado” de jugar por hechos de sus líderes. En su visión, mantener abiertas las relaciones deportivas y permitir que “niños y niñas” rusos participen en partidos internacionales podría contribuir a acercar posturas en un mundo marcado por conflictos.
La propuesta, sin embargo, provocó reacciones encontradas. Desde Ucrania, el ministro de Deportes Matvii Bidnyi calificó las declaraciones de Infantino como “irresponsables” e “infantiles”, al considerar que separan al fútbol de la dura realidad de un conflicto en el que, dijo, “se está matando a niños”. Representantes ucranianos han subrayado que Rusia no ha mostrado avances hacia el fin de la guerra y que su regreso a torneos legitimaría acciones que consideran inaceptables.
El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, ha sostenido que la readmisión de Rusia en competencias solo sería viable una vez que concluya la guerra, posición que choca con la visión más abierta de Infantino. En medio de este debate, el dirigente también defendió otras decisiones polémicas de la FIFA, como la entrega de un premio de la paz a Donald Trump durante el sorteo del Mundial 2026, al asegurar que reconocer esfuerzos por la paz forma parte del compromiso del organismo con la unidad global.
Durante una entrevista con Sky News, el máximo mandatario de la FIFA señaló que el futbol no debería castigar a países por las decisiones políticas de sus gobiernos, y abogó por que los estatutos del organismo se reformen para que “ningún país pueda ser vetado” de jugar por hechos de sus líderes. En su visión, mantener abiertas las relaciones deportivas y permitir que “niños y niñas” rusos participen en partidos internacionales podría contribuir a acercar posturas en un mundo marcado por conflictos.
La propuesta, sin embargo, provocó reacciones encontradas. Desde Ucrania, el ministro de Deportes Matvii Bidnyi calificó las declaraciones de Infantino como “irresponsables” e “infantiles”, al considerar que separan al fútbol de la dura realidad de un conflicto en el que, dijo, “se está matando a niños”. Representantes ucranianos han subrayado que Rusia no ha mostrado avances hacia el fin de la guerra y que su regreso a torneos legitimaría acciones que consideran inaceptables.
El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, ha sostenido que la readmisión de Rusia en competencias solo sería viable una vez que concluya la guerra, posición que choca con la visión más abierta de Infantino. En medio de este debate, el dirigente también defendió otras decisiones polémicas de la FIFA, como la entrega de un premio de la paz a Donald Trump durante el sorteo del Mundial 2026, al asegurar que reconocer esfuerzos por la paz forma parte del compromiso del organismo con la unidad global.
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