El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para organizar una carrera de la serie IndyCar en las calles de Washington D.C. como parte de las celebraciones por el 250º aniversario de la independencia del país, que se conmemora el 4 de julio.
La competencia, bautizada Freedom 250 Grand Prix, está programada del 21 al 23 de agosto de 2026 y será la primera carrera de autos de esta magnitud en la capital estadounidense, recorriendo un circuito urbano que incluirá tramos cerca del National Mall y otros monumentos emblemáticos.
La orden firmada por Trump instruye a los secretarios del Interior y de Transporte a designar un trazado adecuado dentro de las siguientes dos semanas, facilitar los permisos y coordinar con las autoridades locales, incluido el gobierno de la alcaldesa Muriel Bowser, para adaptar las calles de la ciudad al espectáculo.
Desde el Despacho Oval, Trump describió el evento como una muestra de “la grandeza del automovilismo estadounidense” y un homenaje a la historia y espíritu del país, en un año cargado de celebraciones patrióticas que también contemplan ferias estatales y otros eventos deportivos masivos.
Roger Penske, propietario de la IndyCar y figura clave en el automovilismo estadounidense, celebró la iniciativa y subrayó la oportunidad de rendir homenaje a la independencia de Estados Unidos a través de una competencia que combina velocidad, tecnología y tradición.
Aunque la idea ha generado entusiasmo entre fanáticos del automovilismo y sectores que ven en el evento un impulso al turismo y la economía local, aún quedan por resolver detalles logísticos importantes, como el manejo del tráfico urbano, la seguridad del público y la aprobación definitiva de todos los permisos requeridos.
La competencia, bautizada Freedom 250 Grand Prix, está programada del 21 al 23 de agosto de 2026 y será la primera carrera de autos de esta magnitud en la capital estadounidense, recorriendo un circuito urbano que incluirá tramos cerca del National Mall y otros monumentos emblemáticos.
La orden firmada por Trump instruye a los secretarios del Interior y de Transporte a designar un trazado adecuado dentro de las siguientes dos semanas, facilitar los permisos y coordinar con las autoridades locales, incluido el gobierno de la alcaldesa Muriel Bowser, para adaptar las calles de la ciudad al espectáculo.
Desde el Despacho Oval, Trump describió el evento como una muestra de “la grandeza del automovilismo estadounidense” y un homenaje a la historia y espíritu del país, en un año cargado de celebraciones patrióticas que también contemplan ferias estatales y otros eventos deportivos masivos.
Roger Penske, propietario de la IndyCar y figura clave en el automovilismo estadounidense, celebró la iniciativa y subrayó la oportunidad de rendir homenaje a la independencia de Estados Unidos a través de una competencia que combina velocidad, tecnología y tradición.
Aunque la idea ha generado entusiasmo entre fanáticos del automovilismo y sectores que ven en el evento un impulso al turismo y la economía local, aún quedan por resolver detalles logísticos importantes, como el manejo del tráfico urbano, la seguridad del público y la aprobación definitiva de todos los permisos requeridos.