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Un año de política migratoria de Donald Trump: ¿Deportando inmigrantes o criminales?

Por Vero Teigeiro

Después de un año de estricta política migratoria del presidente estadounidense Donald Trump, vale la pena evaluar qué diferencias ha tenido con sus predecesores en términos de deportación de migrantes, para ver qué promesas y narrativas se están cumpliendo y cuáles no. 

La frontera sur: mínimos históricos de personas intentando cruzar

Un argumento común de los seguidores de Trump es que todos los presidentes estadounidenses han tenido políticas migratorias fuertes, con detenciones y condiciones cuestionables. Y si bien esto es cierto, los números de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), así como de su servicio de inmigración y protección de aduanas (ICE) sí están mostrando cambios relevantes comparados con otras administraciones. 

Ambas dependencias nos cuentan historias diferentes. CBP nos habla de las deportaciones en la frontera sur; éstas se dividen en dos: 

  1. Inadmisibles: Ingresos  que buscan hacerse por la vía legal que son rechazados por un oficial de migración por no considerar que cubran los requisitos para ingresar. Esto incluye solicitudes de asilo.
  2. Detenciones: Personas que son detenidas tratando de ingresar ilegalmente por la frontera sur. 

Comparando los números de años fiscales 2024 y 2025 (que van de octubre del año previo a septiembre del año indicado en el nombre), los encuentros en la frontera sur se han desplomado desde el inicio del gobierno de Donald Trump, con una marcada caída del 81% en el primer mes de su gobierno, pasando de 61 mil 445 en enero a 11 mil 710 en febrero de 2025, sin volver a alcanzar niveles superiores a los quince mil el resto del año. 
Los encuentros con autoridades fronterizas en el Sur se desplomaron desde el inicio del gobierno de Donald Trump y se han mantenido en mínimos históricos.
Esto va de acuerdo a lo que Trump ha señalado en varias ocasiones: que los intentos de ingreso por la frontera sur están en mínimos históricos, lo cual señalaría no tanto que las fuerzas de seguridad fronterizas están deteniendo con mayor eficiencia a quienes intentan entrar de manera legal o ilegal, sino que la gente está decidiendo dejar de intentarlo. Sin embargo, la historia que nos cuenta ICE sí se desvía bastante del discurso del mandatario. 

ICE: De detener en las cárceles, a detener en calles, escuelas y trabajos

A diferencia del CBP, ICE se enfoca al interior del país, no en la frontera. Y aunque Trump ha dicho en muchas ocasiones que su gobierno está persiguiendo a “delincuentes peligrosos”, la realidad es que los números muestran no sólo que está deportando gente sin historial criminal a un ritmo mucho más elevado que sus predecesores, sino que lo está haciendo en comunidades y en estados gobernados por el partido demócrata. 

Por ejemplo, hasta antes del inicio de su administración, los arrestos tenían una mayor tendencia en prisión, pero después se priorizaron mucho más aquellas realizadas en comunidades, que son aquellas que se han visto de manera constante en el último año, con ICE deteniendo gente en la calle, en sus trabajos o en sus escuelas. 
Mapa de detenciones dentro de comunidades. Elaborado por el New York Times.
También, como podemos ver en un análisis geográfico del New York Times, en estados no sólo demócratas, sino que tienen leyes de protección a los migrantes, como California, Illinois y Nueva York, la mayoría de las detenciones de migrantes han sido de esta forma y no en prisiones. Esto es contradictorio con estados fronterizos como Texas o Nuevo México, con una alta población migrante irregular, pero presentando un porcentaje muy bajo de detenciones públicas, lo cuál apunta más a una estrategia de ataque a estados opositores, así como un conflicto entre el gobierno federal y los gobiernos estatales, en un país con una marcada historia federalista y que busca priorizar siempre la independencia al gobierno central.

El último punto que prueba la discrepancia del discursos de Trump, y que va muy acorde a los datos que hemos visto hasta el momento de en dónde suceden las detenciones por inmigración ilegal, es el perfil de las personas deportadas. 

Si se compara el primer año de Trump con el último de Biden, se ve un incremento del 39% en personas deportadas con alguna condena por delito violento. Sin embargo, los mayores incrementos son en personas por algún delito no violento, con un 70%, y del 650% en las deportaciones de personas sin historial delictivo, pasando de 280 con Biden, a 2 mil 100 con Trump.

Además, a pesar de todo esto, deportó a menos personas que Biden en 2023 y 2024, que tuvo 590 mil y 60 mil respectivamente, mientras Trump cerraría con 540 mil en su primer año. Esta disminución está totalmente relacionada a la disminución de ingresos por la frontera sur, por lo que los números de Trump se ven acelerados gracias a las detenciones al interior por parte de ICE.
A pesar de que Trump señaló que iría por los "delincuentes peligrosos de otros países", los datos muestran que se el porcentaje de deportados con historial violento ha disminuido.
Esto muestra que realmente no hay un enfoque en delincuentes violentos, sino que simplemente se busca deportar tanto como se pueda. Los datos nos señalan que mientras en el 2024 de Biden las deportaciones de delincuentes violentos representaron el 19% del total de deportaciones de ICE (al interior del país), en el caso de Trump representaron sólo el 11%. Mientras tanto, las de personas sin historial criminal pasaron del 7% al 21%. Y esta tendencia podría incrementarse, considerando que los nuevos ingresos ilegales están bajando y Trump desea mantener sus cuotas y presión sobre los migrantes. 

El 2026 será un año clave para que Estados Unidos determine los efectos sociales y económicos de su política migratoria, y si enfocarse en general en los migrantes, incluso cuando aportan dinero a la economía estadounidense, así como impuestos, es una estrategia que a la larga va a ayudarlos a crecer, o los hará estancarse. Y, por supuesto, el impacto que estas políticas podrían tener en el Mundial de 2026 y los Juegos Olímpicos de 2028, dos eventos internacionales que dependen del flujo de personas a las sedes.